viernes, 10 de septiembre de 2010

Fin de etapa

Instituto de Enseñanza Secundaria E. Curso 2000-01.

Termina el curso y como cada año llega la “fiesta” de despedida a los alumnos de 2º de Bachillerato. Es un acto sencillo al que asisten casi todos los alumnos, pocos padres y algunos profesores; éstos, siempre los mismos. Y como cada año, estarán ausentes aquellos a los que tanto se les llena la boca hablando del “nivel de enseñanza”, pero que luego no son capaces de acompañar a sus alumnos en un momento tan significado pero ¡ay! fuera de horario.

Esta celebración queda bastante lejos de las fiestas de graduación en las “high schools” de las teleseries yankis. Aquí no hay birretes al aire, no hay baile con ponche y guirnaldas en el gimnasio, no hay efervescencia juvenil en busca de pareja los días previos. Iba a decir que no hay celebración sexual posterior, pero ¡qué me sé yo! Simplemente unos discursos, entrega de diplomas y pines, para terminar tomando unas patatas fritas con coca colas o cervezas sin alcohol, que estamos en el instituto.

Algunos venimos de una enseñanza cargada de rituales y palabras grandilocuentes que se cayeron de puro rancios y hemos llegado a otra donde toda aquella retórica ha quedado en meros actos administrativos. Ya no hay día del patrón; ni diplomas de buen comportamiento, de puntualidad, de casi todo; ni fiesta anual con niños rapsodas con pajarita; ni misa de comienzo de curso; ni himno. Ahora el pago de una tasa y el estampado de un sello en la secretaría son los actos que constatan cada comienzo o final de etapa. La fiesta de 2º de Bachillerato es la única excepción.

Al igual que ocurre con otros tránsitos en la vida (nacimiento, mayoría de edad, boda o muerte) me parece necesario reinventar protocolos y modos de expresar cívicamente el sentido de cada uno de ellos. Así que cuando el Director me propuso que fuera yo el profesor que este año lea el discurso acepté, convencido de que hacerlo tiene un sentido que se debe recobrar. Anduve buscando concienzudamente el tono y el léxico adecuados. Pretendía ser próximo pero no coloquial, reflexivo pero no pesado, vital pero no sensiblero. Éste fue el resultado:

“Estimados padres y profesores. Queridos alumnos.

Como cada fin de curso despedimos a una nueva promoción de Bachillerato. Me alegra poder dirigirme a vosotros en una ocasión tan especial y no quiero estropear con largas disquisiciones la celebración, pero tampoco quiero trivializar su significado con simples comentarios festivos. En fin, me veo ante una exigencia similar a la que cada día he tenido con muchos de vosotros en el aula: no confundir la importancia con el aburrimiento, ni tampoco confundir la alegría con la superficialidad. En cualquier caso, estad tranquilos... hoy no contaré ningún chiste matemático.

En el curso 1996-97 se implantaban simultáneamente los cursos 1º y 2º de E.S.O. en este instituto. Una multitud de chavales de 12 y 13 años irrumpieron en las aulas y pasillos, revolucionando la vida del centro. Los alumnos de 2º curso de E.S.O. eran entonces 97. Cinco años después y cinco cursos más arriba, de aquellos 97 alumnos de 2º de E.S.O. sois 27 los que aquí y ahora habéis llegado a 2º de Bachillerato. Al oir estos datos es inmediato pensar: “¡menuda escabechina!”. Pero conviene saber que es aproximadamente la misma proporción de estudiantes que años atrás llegaban, sin repetir cursos, desde 7º de E.G.B. a C.O.U. Con esta observación no pretendo esquivar la realidad, sino situarla en su justo enfoque.

Además de los 27 citados, 41 alumnos más habéis llegado aquí tras repetir algún curso en el instituto, y otros 16 vinisteis tras realizar la E.S.O. en otros centros de enseñanza. Así se completan los 84 alumnos que integráis la 4ª promoción de Bachillerato del Instituto.

Algunos os despedís ya del centro; otros lo visitaréis forzosamente en septiembre; el resto, en fin, prolongaréis un año más tan grata estancia. Pero quiero tener un recuerdo para esos otros 70 alumnos que llegaron al instituto en aquel curso 96/97 y no están hoy en esta promoción: en unos casos porque lo van a conseguir en un plazo más largo y en otros porque abandonaron el instituto o los estudios... y éstos, porque no supieron aprovechar la oportunidad o porque no supimos ofrecerles la atención que necesitaban. Unos lo hicieron tomando una decisión, otros empujados por las circunstancias. En unos casos discretamente, y en otros haciéndose notar; algunos tanto, que lo hicieron privándoos de un tiempo precioso de clases que tal vez luego hayáis echado en falta.

Pero, en cualquier caso, y entre todos, habéis tenido un excelente aprendizaje para la vida, que ofrece especialmente la Enseñanza Pública: personas de distintas procedencias, sin selección social ni ideológica, con diversas expectativas académicas y de futuro, habéis compartido un tiempo tan decisivo como es la adolescencia, ejercitando, no sin dificultades, el valor de la convivencia.

Pronto os vais a separar de la mayoría de vuestros compañeros. Progresivamente se irán rompiendo tantas coincidencias actuales. Tal vez a la vuelta de unos años os encontréis en posiciones o grupos antagónicos y reconozcáis enfrente aquel compañero o compañera del instituto. Y ojalá entonces recordéis y penséis que, como años atrás, siendo diferentes es necesario y es posible convivir.

En este acto celebramos la culminación de una etapa de vuestra vida académica, y seguramente también de vuestra vida personal, junto con el comienzo de otra, aún marcada por la incertidumbre en ambas dimensiones.

Ya habéis vivido anteriores tránsitos: de casa a la escuela, de la escuela al instituto; siempre teñidos de inseguridad, cuando no de temor ante lo que os esperaba más allá de lo conocido hasta entonces. Primero tuvisteis que dejar el cobijo permanente de la familia, luego la infancia en el colegio, ahora la adolescencia en el instituto. Llegasteis recelosos de unos compañeros grandullones que pensabais os iban a avasallar y de unos severos profesores que tal vez os comerían crudos. Fuisteis aprendiendo los códigos y dominando los resortes de esa nueva realidad hasta llegar a ser vosotros mismos los veteranos. Y cuando os sentís instalados en ella, os veis ya empujados a otra situación nueva. Pero, al igual que de nada servía la rabieta infantil el primer día de escuela, tampoco ahora debéis caer en la tentación de la nostalgia. Como escribiera el poeta José Agustín Goytisolo:

123456Tú no puedes volver atrás
123456porque la vida ya te empuja
123456como un aullido interminable

Es el momento de tomar decisiones, labor nada fácil para la mayoría de los humanos. Y, ya sea en el mundo académico o en el laboral, estrenar vuestra reciente o próxima mayoría de edad. Con 18 años ya podéis votar, casaros, ser Presidente de Gobierno o ir a la cárcel... e incluso todo ello a la vez.

Aceptad el reto con responsabilidad, desarrollándoos como individuos competentes, pero sin renunciar a la alegría, e incluso con pasión. Y tened presente un viejo consejo: “Hagas lo que hagas, ámalo”.

Probablemente, al enfrentaros al mundo adulto lo veáis con ojos muy críticos... y así debe ser para que algo pueda transformarse y mejorar; en otro caso, deberíamos preocuparnos. Pero sed benévolos con vuestros padres y profesores. Pensad que hace 25 ó 30 años también estábamos en situación similar a la vuestra y ahora, sin apenas conciencia de haber podido influir en mucho, nos vemos ya sometidos a vuestro juicio.

Ojalá penséis que este mundo es mejorable, que no aceptéis en la sociedad las injusticias ni en el corazón las miserias que nosotros no hemos remediado; y ojalá que, a la vez, valoréis y conservéis tantas cosas necesarias que hoy están en peligro y no tienen recambio.

Pero sabed que, a pesar de todos sus defectos, generación tras generación hemos conseguido que este planeta sea cada vez más habitable para muchos (aún no para todos). La cultura, el confort y los derechos que habéis recibido no nos han sido dados por la Naturaleza. Sois herederos de una multitud de vidas que fueron necesarias para construirlos. El mismo empeño que vuestros padres han tenido por legaros una vida mejor que la suya se viene repitiendo a lo largo de los tiempos. Y más allá de la familia: en la creación artística, en la investigación científica, en la invención tecnológica, en las luchas sociales.

Es una larga carrera de relevos para la que cada vez es necesario estar mejor preparados. Por ello necesitamos vuestra rebeldía, vuestro trabajo, vuestro estudio, vuestra iniciativa. Porque (y terminaré tomando prestadas, otra vez, palabras de Goytisolo):

123456Tu destino está en los demás
123456tu futuro es tu propia vida
123456tu dignidad es la de todos”.