jueves, 26 de agosto de 2010

Voces de ritual

Colegio de los HH. Maristas. Curso 1968-69.

Es 20 de noviembre, aniversario del fusilamiento de José Antonio Primo de Rivera. Lo sé porque El Mono, nuestro profesor de Formación del Espíritu Nacional (F.E.N.) nos ha dicho que si vamos al acto de homenaje que se le tributa en la Plaza del Pilar nos sube un punto. Así que he venido, con otros de clase, a pesar de que esto promete ser un rollazo. Por si acaso, he traído un grueso tebeo de un nuevo héroe americano que trepa edificios. Se llama Spiderman y es muy caro, ¡25 pesetas!

El acto se celebra a las 8 al fondo de la plaza, en el Monumento a los Caídos, donde los cipreses. Aquello parece un cementerio. En la escalinata, chicos con el uniforme de la O.J.E. y antorchas que flamean en la noche casi invernal. En el estrado, militares de uniforme y falangistas con camisa azul y bigote, todos cargados de medallas. En la plaza rodeada de guardias civiles y grises, algunos abuelos, más chicos de la O.J.E. y una mayoría de despistados que han ido a por el punto, como yo. Aparece El Mono pasando lista y se va a otra parte. Estos de F.E.N. dan clase en varios colegios y tienen más que controlar. Ya me ha anotado, me podría ir pero voy a quedarme, no sea que vuelva.
Empiezan los discursos. Los oradores gritan inflando el pecho. ¡Menuda castaña! Spiderman me va a salvar. Medio oculto por un ciprés, sigo intrigado la peripecia del Hombre Araña salvando también a la ciudad de Nueva York de los planes diabólicos de un malvado científico oriental. Mientras, como ruido de fondo, escucho las arengas donde se repiten una y otra vez las palabras “patria”, “España”, “religión” y “cruzada”. Me interesa mucho más la aventura neoyorquina, qué vas a comparar…

Absorto en mi lectura no me había dado cuenta de que el acto ya está terminando. Me devuelve a la realidad un grito del orador y la respuesta coral:
123456- ¡España!
123456- ¡Una!
Y nuevamente:
123456- ¡España!
Ahora no me pillarán fuera de juego, me digo, voy a ganarme el punto hasta el final. Así que, decidido, grito:
123456- ¡Dos!
Pero no es eso lo que el coro responde, sino:
123456- ¡Grande!
Para seguir:
123456- ¡España!
123456- ¡Libre!
123456- ¡Viva Franco! ¡Arriba España!

Cortado, miro alrededor para saber si mi respuesta incorrecta ha sido advertida. Descubro entonces ante mí la imponente figura de un guardia civil con su tabardo gris verdoso que me fusila con la mirada. Por un momento pienso explicarle que no ha habido voluntad infractora, que yo esperaba un grito como en el fútbol o parecido (una, dos y tres; a la bí, a la bá, a la bin bon bá…). Pero creo que lo mejor es desaparecer enseguida, raudo como Spiderman.