viernes, 30 de julio de 2010

La mala educación

Colegio HH. Maristas 1962-1973.

Infancia y adolescencia perdidas, no por el inevitable goteo del tiempo.
Perdidas como monedas de un tesoro que cayó día a día por los bolsillos rotos del ajado uniforme.
Uniforme a rayas azules, tatuadas en la conciencia, recta como ellas.
Rectitud de la doctrina que daba respuestas únicas para que nunca llegásemos a hacer preguntas.
Vano intento, mantenernos en la niñez de por vida: la razón dormida por la Gran Promesa; los sentidos atados por la moral de los eunucos.
Crecer con dolor, adivinando las grietas en la cúpula dorada.
Con la angustia de querer creer en el orden inmutable; de no querer ver, pero sabiendo, su próximo derrumbe.
Sin saber quién se alzará entre los escombros.