domingo, 21 de febrero de 2010

Lágrimas

Instituto de Enseñanza Secundaria. Curso 1998-99.

David es un Goliat, un matón de patio de colegio. Siempre anda metido en algún lío y va engranando expulsiones que no tienen un valor rehabilitador pero al menos conceden una tranquilidad pasajera a sus compañeros. Cumplirá los 15 como repetidor de 2º ESO. Ya es seguro que no se graduará. Demasiado temprano para entrar en el Programa de Diversificación; en cualquier caso, demasiado gamberro. Aunque acumula todos los suspensos que es posible, es listo. Un listo que no admite pauta ni norma, mucho menos disciplina. Y ese talento sin método se seca y retrocede, pero de vez en cuando da algún destello. El último examen era propicio para lograrlo y David llega al 5 pelado.

Reciben sus exámenes corregidos y observo que una lágrima resbala por la mejilla de David. Torpe intérprete de la situación le pregunto:
123456- ¿Qué pasa?, ¿te parece poca nota?
123456- No, profesor, es que hacía cuatro años que no aprobaba un examen de Mates.
Por un momento se ha roto su coraza de simulada indiferencia académica que enseguida va a recobrar, no vaya a trascender su debilidad. Esa lágrima me confirma que hasta para “David El Duro” es importante ser aceptado, ser reconocido. Y pienso qué pronto se pierden algunos trenes a los que ya nunca podrás subir.