lunes, 15 de febrero de 2010

Domingo

Colegio HH. Maristas. Curso 1965-66.
Voy al colegio todos los días de la semana, mañana y tarde: a clase cuando hay clase, pero también cuando hay fiesta, los domingos y las tardes de los jueves.

El domingo es un día luminoso, lleno de cosas especiales. Al levantarme, lo primero hago los deberes que me pusieron en clase el sábado. Luego, a misa de 10 en la capilla del colegio. Años atrás, cuando era pequeño, iba con mis padres a La Seo por la tarde, después de que el papá volviese del fútbol. Al principio, ellos se quedaban en los bancos del altar del Santo Cristo y yo corría por el piso de mármol a media luz; a los pequeños les dejan hacer lo que quieren. A veces me cogía de la mano el sacristán y me llevaba hasta la verja de la capilla de Santo Dominguito de Val. Con las manos agarradas a los fríos barrotes de bronce, metía la cara por el hueco y miraba su imagen mientras aquel hombre me volvía a contar otra vez la misma historia del niño mártir. Monaguillo de la catedral, fue torturado por los pérfidos judíos al negarse a pisar una hostia consagrada. Me daba detalles de cómo lo crucificaron y en vivo le arrancaron su pequeño corazón. En cuanto podía, yo me escapaba, pero esa historia del niño crucificado y sin corazón seguía dando vueltas en mi cabeza. A la débil luz de las lamparillas de aceite, las figuras de piedra que rodean los altares proyectan sombras que dan miedo. Enseguida buscaba el cobijo de los papás.

Después que hice la Primera Comunión, empecé a llevar pantalón largo en invierno y ya me dejan ir solo a misa del colegio. El domingo la misa la hacen como Dios manda, larga, con mucho sermón. No es como entre semana, si vamos el primer viernes de mes por ejemplo, que el cura va rápido para encajarla entre las clases. Si no hay balonmano, a la salida se organiza un partido de fútbol con gente mezclada de todos los cursos. Los mayores son unos chupones y no te dejan tocar la pelota, pero te gusta estar en su equipo.

El patio “se pone de largo” los domingos que hay partido de balonmano del Ademar, el equipo del colegio, que es nada menos que 5º de la División de Honor. Lo barren, secan los charcos y se montan unas gradas de tubos para ver al Barcelona, al Atlético de Madrid o al Granollers. Junto a los partidos del Real Zaragoza en La Romareda, es lo máximo del deporte en la ciudad. Se juega, domingo sí y domingo no, a las 12 h. Al salir de misa desalojan el patio, abren la taquilla y a las 11 y media empiezan a entrar los espectadores. Hay un truco par ver el partido gratis: al salir de misa te encierras en uno de los retretes del patio y esperas allí unos tres cuartos de hora hasta que oyes que va entrando la gente; entonces sales. La espera se hace larga, hay que llevarse un tebeo, pero sobre todo incómoda: son retretes de los de agujero en el suelo, no te puedes sentar. Hay algunos que también se encierran en los retretes mucho tiempo entre semana, no sé para qué, ellos sabrán.

Después del partido, a casa a comer. El domingo es día de comida buena: pollo o canelones. Por la tarde, otra vez al colegio. A las 6, cine en el Salón de Actos. De camino paro en el abuelico de la boina que con una cesta vende pipas, chicles y regalices a mitad de San Vicente de Paúl. Las películas suelen ser de aventuras: Fort Apache, Tarzán de los monos, Taras Bulba, Maciste El Coloso, El Álamo, etc. También hay de santos: Rosa de Lima, Fray Escoba, Marcelino Pan y Vino, San Francisco de Asís, Los Diez Mandamientos, etc. El cine está muy animado. Cuando salen los malos se abuchea; cuando salen los buenos se aplaude. Si se van a dar un beso se silba, pero nunca terminan de dárselo; para mí que los curas lo cortan.

A la salida del cine, ya de noche o casi, suelo cruzarme camino de casa con el vendedor de la Hoja Deportiva:
123456- - ¡La Hoja, la Hoja Depoooortiva, con la victoria del Zaragoza!
¡Qué tontería!, pienso, si ya dicen que ha ganado el Zaragoza, ¿quién se va a gastar la peseta y cincuenta céntimos que cuesta para enterarse? Ya en casa, ceno, leo un tebeo y a dormir. Mañana, otra vez al colegio.