viernes, 5 de marzo de 2010

Debut

Instituto Nacional de Bachillerato H. (La Rioja). 28 de octubre de 1979.

Llegó al fin el esperado telegrama: “Mañana, día 27, debe presentarse en la Dirección Provincial del MEC de… para su toma de posesión como Funcionario Interino en Prácticas con destino provisional en el I.N.B…”. Tras meses de estudio y superar el Concurso-Oposición Libre en julio, agosto y septiembre fueron de necesario descanso. Pero, una vez comenzado el curso escolar en octubre, este retraso me consumía.

Al día siguiente cojo el tren, camino de la capital de la provincia asignada. Al llegar, trámites administrativos y luego un autobús me lleva al pueblo que la suerte me ha deparado. Siempre con la maleta, voy al instituto. Allí me recibe el Jefe de Estudios:
123456- “El curso comenzó hace 4 semanas y ya están los grupos asignados. En la planificación tú eras el 123456Profesor X y a X le tocan Matemáticas de 1º BUP (un grupo diurno y uno nocturno), Historia de la 123456Música de 1º BUP (dos grupos juntos) y la EATP de Comercio en 2º BUP (dos grupos)”.
Sorprendido respondo:
123456- “Pero si yo soy Licenciado en Matemáticas y no tengo ni idea de Solfeo ni de Comercio…”
123456- “Es lo que hay. Además, no es Solfeo sino Historia de la Música. Precisamente es con lo que 123456empiezas, mañana a las 9”.

Salgo pasmado. Aún no sé dónde dormiré hoy, pero es otra la desazón que me invade: ¿qué cuento en clase mañana? Tardaré un tiempo aún en darme cuenta de que otros profesores de Ciencias Naturales o de Física y Química imparten Matemáticas, pero al Profesor X, de quien no se sabía el nombre pero sí que era matemático, le han guardado estas materias que ninguno de ellos quería. Como decía la cantinela homófoba en el patio del colegio: “El último, mariquita…”.
Busco el libro de texto de Música: no hay. Saco de la Biblioteca del centro la Enciclopedia de la Música. Paso la tarde leyendo el capítulo 1: La Música en la Grecia Antigua. Otra vez estudiando. Y pienso: ¿mañana doy clase o me examino?.

Llega mi primera clase como profesor de aula. Tantos años estudiando, tanta ilusión tras la oposición, para empezar improvisando. Nueva sorpresa: la clase es con dos grupos de 1º BUP, casi 80 alumnos, juntos en el Gimnasio pues en un aula no caben. Esto no es normal, habrá que hacer algo.
Los chicos me miran con curiosidad:
123456- “¡Ya ha llegado el nuevo! ¡y es maño!”.
Tras la presentación de rigor, empiezo a recitar de memoria el texto aprendido la tarde anterior. Mientras hablo de Pitágoras y la Serie Armónica, el auditorio desconecta enseguida. Por las últimas filas empiezan a volar aviones de papel y se extienden las tertulias. Intento llamar al orden, pero entonces pierdo el hilo. Una inquietante tentación de huir me invade. Cuando por fin suena el timbre, suspiro aliviado. Salgo con una duda terrible: ¿esto va a ser siempre así? ¿Es la novatada o premonición de la “brillante” carrera profesional que me espera?
Luego, en clase de Matemáticas, me siento aliviado: Tema 1 – Números Enteros. Cuarenta alumnos, cada uno con su Santillana de tapas naranjas. He preparado además algunos pasatiempos numéricos. La cosa va mejor.
De regreso a mi nuevo piso alquilado no paro de pensar en la clase de Música. ¿Qué hacer? Acudiré a mi única experiencia musical: oyente de la radio Mis clases serán audiciones, clásicas y contemporáneas, salpicadas de lecturas de contraportadas de discos.

Meses más tarde, mientras suena una Cantata de J.S. Bach, con la letra traducida en la pizarra, observo las lágrimas en las mejillas de dos alumnas. Me preocupo:
123456-“¿Qué pasa, estáis mal?"
123456- "No profesor, es que esta música es muy bonita”.
Recibo sus lágrimas con una satisfacción que no es sádica; tras el comentario, las recibo como un triunfo.