miércoles, 24 de febrero de 2010

24 F

24 de febrero de 1981. Instituto de Bachillerato B. (Huesca).

Tras una noche de poco dormir, una noche para recordar, voy temprano a clase. Por la Calle de la Iglesia se escuchan las radios encendidas en cada casa. Aunque algo más tranquilo ya, aún permanece en mí la huella del sobresalto, del miedo, de la incertidumbre pasados.

La tarde anterior estábamos en casa de Gloria y Alfredo, compañero de Física y Química. Reunidos en este pueblo por el azar administrativo, pronto se hacen amistades entre las familias de los profesores y es habitual vernos después del trabajo, casi siempre para seguir hablando del trabajo. Estábamos merendando cuando llegó Carmen, profesora de Francés, con la noticia: “Hay un golpe de Estado. Han asaltado el Congreso”. Estaba muy inquieta por lo que podría pasar, como al momento lo estábamos todos, aunque con un motivo añadido en su caso: su marido Paco es concejal comunista. Espera su llamada y por eso ha venido a buscarnos. Los profesores vivimos de alquiler y es raro que en nuestros pisos haya teléfono. El nuestro es la excepción. Así que, fuera del horario laboral, es el teléfono de emergencias para las familias de los profesores amigos. Vamos rápido a casa. Allí nos esperaba por igual motivo Luisa. Bueno, igual o simétrico: Luis, el marido de Luisa es militar.

Pasamos largas horas junto a una radio y una televisión que emiten sospechosa música clásica. Con las líneas saturadas, tras muchos intentos, hablamos con los padres: en Zaragoza no pasa nada, no saben nada.

Luisa y Carmen, comidas por los nervios, esperando sus llamadas. Por fin llegaron: Luis estaba acuartelado, Paco había pasado la frontera de La Junquera. A las 3 de la madrugada, el discurso televisado del Rey despejó las dudas principales. A las 4, el cansancio y la tensión hacían mella, había que dormir. A la mañana siguiente, a clase con la duda: ¿qué hacemos? Cuando llego al instituto todo son corros de alumnos, de profesores, debatiendo la misma cuestión. El Gobierno en funciones ha pedido que se cumplan los horarios como siempre, dando testimonio de normalidad democrática.

A las 9 entro en clase de 2º de BUP y noto cómo algunos alumnos apagan el transistor. Empiezo así:

Ayer algunos intentaron que en este país vuelva a gobernar el miedo. Hoy os pido que les demostremos que nuestra voluntad es estudiar y trabajar en libertad, que no van a cambiar nuestras vidas. Así que vamos a empezar la clase. Pero tú, Tomás, que sueles estar despistado de lo que cuento, ponte la radio bajita al oído y si pasa algo nuevo nos avisas.

Durante los 60 minutos de la clase Tomás recibe más atención que yo. Resolvemos unos límites en la pizarra. A la salida, Miguel el conserje me informa: Tejero se ha entregado. No puedo evitar acordarme de Fermín [1] .

Mañana volveremos a la rutina, nunca tan amada.
[1] Ver Campo A Través