sábado, 21 de noviembre de 2009

Patinazo

Instituto de Enseñanza Secundaria E. (Zaragoza). Curso 2006-07.

En ocasiones la torpeza del profesor combinada con la sagaz malicia de algún alumno produce momentos entre lo divertido y lo grotesco, según qué ojos lo miren.

Estoy en clase de 2º ESO. Los alumnos resuelven ejercicios hasta que hago pasar a alguno a la pizarra. Lalo (para mí Gonzalo) está de nuevo en mi clase. Es el único superviviente en el instituto de aquel trío que dos años atrás me diera tanta guerra
[1]. Miro hacia su mesa y no lo veo. Salgo de la mía para ver qué sucede. Está sentado pero con el tronco agachado. Lleva chándall y se ha subido las dos perneras hasta las rodillas. Mueve las piernas enseñándolas a los vecinos en plan “sexy”. La tontería de las 12:10. Debo cortar la distracción.
123456- Gonzalo, bájate los pantalones.

Aún no he terminado la frase y ya me doy cuenta de mi error. Es tarde para rectificar. De nada serviría apostillar “quiero decir las perneras del pantalón”. Sería aún peor.

Rematador nato, Lalo no desaprovecha esta involuntaria asistencia, ¡menudo regalo! Responde al instante con fingido tono lastimero:
123456- No profesor, eso no. Por favor, eso no…
¡Touché! Carcajada descomunal de toda la clase a mi costa.

En estos casos lo mejor es encajar con deportividad el patinazo. Me encojo de hombros y dejo que el pillo disfrute por un momento su efímero triunfo. Lo corto pronto:
123456- Pérez a la pizarra. Ejercicio número 4.
12
[1] Ver: Cosas de la vida