viernes, 6 de noviembre de 2009

Monjas

12
Colegio San Vicente de Paúl. Curso 1961-62.
A los 5 de edad, primer año escolar. Es un colegio de niñas que en Párvulos recibe niños, eso sí, separados de ellas. Separación que será abismo duradero, herida programada.
Sor Milagros es mi maestra: cariñosa, siempre sonriente. Me enseña a rezar, a leer y a escribir. Sor Aurora es seria, antipática. Nunca ríe y tiene pelos en el bigote. Vigila los pasillos, pasillos de baldosines amarillos, siempre con olor a lejía.
Estoy en la primera fila y sobre la tarima veo sus zapatos. Son grandes, negros, con cordones: zapatos de hombre. Una duda: lo demás, ¿será todo de hombre? ¿qué llevan las monjas debajo del hábito? Tardaré muchos años en saberlo.
Bien pensado, con la toca sólo veo la cara de Sor Milagros, nada más. Y luego está lo de los zapatos, ¿será hombre o mujer? Da igual, es mi ángel.
Hoy al salir al recreo me retraso. Toñín, el más revoltoso, me empuja y al caer arrastro varias sillas al suelo con mucho ruido. Enseguida aparece Sor Aurora.
123456- ¡Castigados, a la clase de las chicas!
123456- Sor, no he hecho nada, ha sido éste…
123456- ¡Silencio!
Nos lleva al aula de las parvulitas.
123456- ¡De pié, de espaldas a la pared y sin apoyarse!
Termina el recreo. Van entrando las chicas. Al vernos sonríen. Cuantas más llegan, más fuerte es la risa. Empiezo a llorar mientras nervioso enrollo el borde de mi bata a rayas azules y blancas. Ya están todas y la risa es insoportable. Se clava como una espada en mi orgullo, cada vez más chico.
Las niñas son malvadas, no las quiero ver ni en pintura. Tardaré muchos años en reencontrarlas.

Universidad de Zaragoza. Curso 1973-74.
Once años después, once años separados, otra vez con ellas. Por fin en la misma clase. También hay monjas, ¡pero ahora son alumnas! Son dos, siempre juntas en primera fila y aisladas. Ellas sabrán.
Primer examen de Álgebra, domingo por la tarde. Vaya, las monjas hoy no están delante.
La primera criba es el encontronazo con los enunciados. A los cinco minutos, la tercera parte de los examinandos ha abandonado el aula. Los supervivientes pelearemos durante cuatro horas cuerpo a cuerpo, grupo a grupo, espacio vectorial a espaco vectorial.
De repente un profesor habla con una monja, ésta se levanta y sale del aula cabizbaja. La ha cogido copiando. Todas las miradas se vuelven hacia la infractora. Miradas que se clavan como espadas en su orgullo, cada vez más chico.
No salgo de mi asombro. Que la tramposa sea quien ha hecho de la bondad oficio…

El Corte Inglés. 2001.
Planta 1ª: Señoras. Mi mujer está en los probadores. Deambulo entre mostradores y maniquíes. Veo dos monjas que van… ¡no es posible! ¡sí, sí!, a la sección de Lencería. Las sigo a prudente distancia sin perder detalle. 40 años después consigo satisfacer mi curiosidad infantil.
Era de esperar: tienen un gusto clásico.

A veces las cuentas pendientes y las preguntas abiertas tardan años en cerrarse. Sólo hay que esperar.