martes, 13 de octubre de 2009

Razones para escribir

123456789012345678901234567890Yo he visto... atacar naves en llamas más allá de Orión.
123456789012345678901234567890He visto rayos-C brillar en la oscuridad,
123456789012345678901234567890cerca de la puerta de Tannhäuser.
123456789012345678901234567890Todos esos momentos se perderán en el tiempo,
123456789012345678901234567890como lágrimas en la lluvia.
56789012345678901234561Escena de la muerte del androide.
56789012345678901234567BBlade Runner (Ridley Scott, 1982)
Nunca estuve en la Puerta de Tanhäuser; tampoco más allá de Orión. Pero..
di vueltas a un patio en amaneceres de mayo “con flores a María que madre nuestra es”;
luego aprendí solo a caminar sin pastores, bajo el chantaje divino de la eternidad;
respiré el miedo en la agonía de un dictador y después la esperanza compartida, con las manos enlazadas entre cantos de libertad;
corrí a través de un campo en barbecho tras un alumno desesperado;
seguí con 2º A el latido de la historia desde una radio en clase de Matemáticas un 24 de febrero;
descubrí el mundo exterior a muchachos confinados en un pequeño planeta;
abrí la ventana del aula y, muy de vez en cuando, entró algún rayo de genialidad que por un día iluminó la rutina de las pizarras;
asistí al despertar de la conciencia solidaria en muchachos de 12 años contra la guerra
... y mucho más.
No cambiaría esos momentos por aventuras galácticas. Pero como al androide, también en ratos de debilidad me invade la nostalgia trascendente y me duele pensar que esos recuerdos puedan ser arrastrados por la lluvia del olvido o desvalijados por el bandido Alzheimer. Ahora que aún son míos he decidido dejarlos por escrito. Quien los lea tal vez descubra que, sin saberlo, en algún momento compartimos no ya un tiempo, ni un lugar, ni una situación; pero sí tal vez una ilusión, un absurdo, una duda o una emoción.