viernes, 16 de octubre de 2009

La culpa

Colegio de los HH. Maristas. Cuaresma de 1966. Ejercicios espirituales. Todos a confesar.

Estoy en la capilla, en los bancos de la derecha, esperando turno. Los confesionarios, a la izquierda. Hoy se van a celebrar muchas confesiones, así que han venido tres curas. Primero, nos han colocado a los chicos en los bancos, luego vendrán ellos. ¿Cuál es el de mi fila? Don Javier. Menos mal.
Si te toca con El Oso ya sabes: cuando sea tu turno te indicará sin palabras, flexionando varias veces el dedo índice, si debes arrodillarte frente a la puerta (dedo hacia si) o en el lateral, tras la celosía (dedo hacia su izquierda). Si ha decidido lo primero, abrirá del todo las cortinillas moradas, se echará hacia ti y te rodeará los hombros con un fuerte abrazo (de ahí el apodo); acercará su papada mal afeitada a tu mejilla imberbe de 10 años; a veces sentirás su aliento cerca de tu nariz y adivinarás qué ha comido hoy; y empezará el interrogatorio. Permanecerás así, de rodillas y atrapado, hasta que decida soltarte. Te dará igual cuántos credos, cuántas avemarías. Lo peor habrá pasado, como una penitencia por adelantado.
Pero si te indica que te coloques tras la celosía, la cosa será más llevadera. Sacará sus gordos dedos peludos por los agujeros de la rejilla y acariciará una y otra vez tus manos de niño penitente. Este hombre es muy cariñoso, pero te agobia.
Don Javier es muy distinto, siempre guarda las distancias, habla sin siquiera mirarte. Va muy bien afeitado, la sotana sin una arruga, el reloj ¡de oro! Dicen que es del Opus. No sé qué es eso. Tal vez sea donde se juntan los curas elegantes y ricos.
La espera se hace larga. Aburridos, empiezan los codazos y los bisbiseos. Nos vigila El Calavera, el hermano más serio de todos. Hay que tener cuidado, te juegas un castigo.
Los Hermanos Maristas son curas a medias: van con sotana negra y un gran crucifijo colgando, viven en el colegio y no se pueden casar. Pero no dicen misa, ni confiesan. Yo no lo entiendo: si se han metido, por qué sólo a medias. Ellos sabrán. Su fundador es el Beato Marcelino Champagnat. Un beato es un santo a medias. ¡Ah! por eso será.
Cada uno tiene su mote, todos muy bien puestos e inseparables del artículo determinado: El Calvino, El Boliche, El Calavera, El Bombilla, El Cocodrilo… Algunos tienen un nombre tan raro que ya no necesitan mote. Por ejemplo, El Eutiquio.
El Eutiquio es muy bajito y parece muy viejo porque tiene la cara llena de arrugas. Debe mandar mucho, porque es el Administrador del colegio, el que te cobra cada mes el recibo y te da un chupón[1] de fresa. Pero cuando te riñe, desde tu misma altura y con su vocecilla más aguda cuanto más enfadado está, no te lo tomas en serio.
El Calavera sí que impresiona: es alto, feo y lúgubre como su apodo indica, todo huesos. Mejor no cabrearlo, te puede dar un golpe con la chasca[2] en la cabeza y después mandarte de pié, cara a la pared, hasta que acaben las confesiones. Y la cosa va para rato.
a
Antes ha habido sermón de Don Justo. Mañana, primer viernes de mes. Temprano, a las 8, misa y comunión. El sermón ha sido impresionante:
123456- A quienes mueran en pecado, les espera una eternidad de tormentos en el infierno. ¿Y qué es la 123456eternidad? Imagina una bola de acero tan grande como la Tierra. Un pajarillo la roza con el ala, 123456una vez cada cien años. ¿Cuánto tardará el pajarillo en deshacer la bola con ese débil roce? 123456Cuando lo consiga, ¡aún no habrá empezado la eternidad!
Hay que ser bueno, te juegas mucho. Y si no, que se lo digan a aquel chico…
123456- Asistía a la santa misa a diario. Era un hijo obediente, un alumno estudioso y practicaba la 123456caridad cristiana con los necesitados. Aquella tarde se había confesado y comulgado. Estaba en 123456gracia de Dios. Tras cenar, rezó sus oraciones y se acostó. En la cama tuvo un mal pensamiento. 123456Se dijo: “mañana por la mañana me confesaré otra vez”. No hubo mañana para él. Amaneció 123456muerto. Pagará toda la eternidad por aquel pecado nocturno.
123456Nunca lo olvidéis:123456 Una muerte que sufrir,
12345678999999999999999999 Un infierno que evitar,
111111111111111111111111111111 Un cielo que conseguir
111111111111111111111111111111 Y un alma que salvar.

Me toca.
123456- Ave María.
123456- Sin pecado concebida.
Los chicos, cuando rezamos las jaculatorias en grupo, decimos: “sin pescado con cebolla”. Cuando oigo al cura, no puedo evitar repetirlo para mí.
123456- Padre, hace cuatro días que me confesé y no he pecado desde entonces.
123456- ¿Cómo que no has pecado? Piensa, piénsalo bien, que algo habrás hecho.
123456- Bueno, no sé. En el último examen de Francés he sacado un punto menos que en el anterior.
123456- Recuerda la parábola de los talentos, hijo mío. El Señor espera que trabajes al máximo con 123456todas tus capacidades. ¿Has cometido actos impuros? ¿Y pensamientos impuros?
Ya ha salido lo de siempre: los actos y los pensamientos impuros. ¡Qué manía! Lo de los actos creo que lo entiendo, debe ser hacer guarradas: cagar o mear en la calle o, peor aún, en la iglesia; y cosas así. ¡Qué gente más asquerosa debe haber por el mundo! Yo nunca haría nada de eso, en casa somos limpios. Pero lo de los pensamientos no lo entiendo, ¿cómo voy a hacer esas cosas pensando?
123456- Padre, no entiendo qué son los pensamientos impuros.
123456- Pues imaginar que haces actos impuros.
En ese momento mi cabeza trabaja rápido e inventa un ejemplo que une lo sagrado con lo sucio; un sacrilegio en plan guarro. Muchos años después sabré que mi imaginación infantil estaba acercándose a las delicatessen impías de algunos pecadores ilustrados e ilustres como Sade o Bataille.
Pero mi satisfacción por haber encontrado respuesta a la duda dura un segundo. Si lo que no debo pensar es eso… ¡acabo de pensarlo! Estoy en pecado. Afortunadamente, en el sitio y en el momento adecuados.
123456- Padre, he tenido un pensamiento impuro.
123456- Lo ves… ¿Sólo una vez? ¿Y en tu pensamiento actuabas sólo o en compañía?
Esto es demasiado, ¿cómo se podrían hacer esas cosas con alguien? ¡Qué vergüenza!
123456- No padre. Una vez y solo.
123456- Reza tres padrenuestros y tres avemarías. Ego absolvo pecata tua. ¡El siguiente!
Voy a rezar la penitencia. Ahora de rodillas en el primer banco. ¡Qué descanso haber limpiado el alma! Dios me ama. Mañana lo recibiré en comunión.
a
Ya es de día. No desayuno. Hay que comulgar en ayunas.
Voy a misa antes de clase. Paso a recibir la Eucaristía.
123456- Corpus Christi.
123456- Amen.
Abro bien la boca. La hostia no debe tocarse con los dientes, es pecado. Dios dentro de mí. Vaya, se ha quedado pegada al paladar. La boca está reseca por el ayuno. Empujo con la lengua… nada. No puedo tocarla con el dedo, también es pecado. Me viene un sudor frío ¿Qué hacer? Insalivo una y otra vez. Por fin, húmeda, la oblea se desprende y consigo tragarla. Suspiro aliviado.
Ya he comulgado cinco primeros viernes de mes seguidos. A ver si llego a los nueve. A quien lo haga, el Sagrado Corazón de Jesús le ha prometido la salvación eterna. Hay una cosa que no tengo muy clara: con los nueve primeros viernes de mes cumplidos, ¿podría, por ejemplo, hacer y pensar todas las guarradas que quisiera sin peligro? Si lo ha dicho, tendrá que ser así. Pero no sé, no sé…
Al salir de misa, hay diez minutos libres hasta la entrada en clase. Tengo hambre. Mi madre me ha dado dos pesetas para que tome algo de la panadería. Compro una de esas tortas tan ricas. Cuando regreso al patio, hacia la fila, aún no la he terminado. Me ve Martínez y me dice:
123456- ¿Pero qué haces comiendo una torta de manteca? Hoy es viernes de Cuaresma y no se puede 123456comer cosas de carne.
123456- Pero esto no es ni un filete ni una salchicha. Es una torta.
123456- Una torta de manteca de cerdo. Y eso es carne.
¡Qué poco he tardado en volver a pecar! No estoy convencido, pero Martínez tiene un tío cura y debe saber de estas cosas. Por si acaso, esta tarde al salir de clase, iré a confesarme a la Iglesia del Sagrado Corazón que está junto al colegio. Espero no morirme antes y tener que ver, desde las calderas de Satanás, cómo el pajarito toca la bola de siglo en siglo. Paso el día nervioso hasta que por fin vuelvo a escuchar:
123456- ¿Sólo eso? Piénsalo bien, algo habrás hecho.
Han pasado más de cuarenta años y, como canta Javier Krahe, "prefiero caminar con una duda que con un mal axioma". Ya no visito confesionarios. No he sabido más de aquellos curas. Sólo me llegaron noticias de El Oso: lo habían visto, viejo ya, por bares de ambiente.
Ya sé qué es la impureza. También la amargura de la mentira, la impotencia de los relojes, el vacío de los sueños rotos. Ya no hay confesor, absolución ni consuelo. Pero un pensamiento regresa tercamente, una y otra vez:
123456- Piénsalo bien, algo habrás hecho.
A veces, todavía me acuerdo de aquel pobre niño santo que en una noche aciaga fue timado por Dios.
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[1] Chupón: bastoncillo de caramelo, envuelto en papel de celofán.
[2] Chasca (ver foto): artilugio de madera de dos piezas. Llevaba una bola en la pieza principal y otra pieza móvil chocaba con aquella produciendo un chasquido (por eso el nombre) al ser accionada con la mano. Sus funciones eran varias: mandar silencio, señalar a un alumno o golpearle con la bola (preferentemente en la cabeza).


foto tomada del blog: http://rinconaufrago.blogspot.com/